top of page

Sin apertura, no hay creación. 

¿Cuánto nos permitimos transformarnos al emprender un proceso creativo? Esta pregunta debería ser el comienzo de todas aquellas aventuras que impliquen el acto de dejarse influenciar internamente por fuentes externas de inspiración para luego decidir realizar una acción auténtica y emocionalmente libre con ese material. Es decir, crear.


Crear es, ante todo, un proceso de transformación interno y, con él, un proceso equivalente de transformación personal. Dicho de otra manera, el potencial de un proceso creativo está completamente conectado con la apertura a la transformación interior que la persona esté dispuesta a transitar.


Sin apertura a lo desconocido, al viaje que implica abandonar las ropas viejas por otras nuevas aún por conocer, no habrá posibilidad de descubrimiento. Nada nuevo crece en nuestras tierras conocidas. Ya sea que nuestro viaje sea una verdadera instancia de movilización externa o lo que se denomina una aventura por nuestra interioridad, para crear necesitamos aventurarnos.


Aventurarnos implica el desafío de perder el rumbo, nuestro control y quizá nuestra conexión con las bases de nuestros límites. Es un desafío que, si se encara sin consciencia, puede incluso llevarnos al borde del abismo. Transformarnos nunca es fácil, y hacerlo abandonando la búsqueda del control del proceso puede incluso generar ansiedades y angustias que no siempre podemos soportar. La fuerza creativa tiene en su gen la posibilidad de generar, pero también de destruir.


Cuando hablamos de descubrir nuevo potencial dentro de nuestra identidad, hablamos de expandir los terrenos conocidos de nuestra gestión emocional hacia terrenos inhóspitos para nuestra consciencia. Hablamos de gestionar lo que tenemos, tanto aquello que está disponible hoy como aquello que todavía no.


La creatividad entonces funcionará como puente y herramienta. Como puente entre lo conocido y lo desconocido, entre lo que hoy dispongo y aquello que puedo volver a habitar si me animo a reencontrarlo. Pero la creatividad también funciona como herramienta para destruir aquellas paredes que me impiden avanzar hoy y para crear nuevas habitaciones en este proceso de ampliación interna.


Todos podemos crear. Es una capacidad inherente al ser humano. Pero también todos podemos cerrarnos a la transformación, y quizá esa sea una buena definición de bloqueo interno. Deseo hacerlo, pero no estoy dispuesto a cambiar. La frustración que implica no poder avanzar puede ser un punto de partida interesante si la transformamos en búsqueda, prerrequisito necesario para todo proceso de cambio. La apertura a la búsqueda es una actitud emocional y, con ello, una predisposición a generar un terreno fértil para los posibles pasos a transitar.


Aceptar que todavía no puedo cambiar —precio que debemos pagar si queremos crear— es también aceptar que puedo transformar mi límite en apertura. Quiero pero no puedo puede transformarse fácilmente en quiero, pero no sé cómo. Y allí, en ese ínfimo e íntimo instante, el cambio comienza.


Autor: Juan Francisco Gómez | Director en Creatibe

Comentarios


Fitzroy 2074, Palermo

Capital Federal, Argentina

bottom of page