Algo para recordar por Matías Eraso

Te preguntaste alguna vez qué harías si al despertar en la mañana te encontraras en una época distinta, quizás en la Edad Media. ¿Te animarías a recorrer el pueblo, yendo por esas calles de piedra? ¿Sentirías miedo o asombro por estar viendo, con cada paso que das, como las personas llevan una vida más simple? O al menos eso es lo que crees.


Imagínate que te alejas del pueblo siguiendo un sendero. Querés apreciar cada detalle de lo que vas viendo en tu camino haciendo uso de todos tus sentidos, por eso cuando llegas a ver un río te regalas el tiempo para sumergir tus pies en él. Ves dentro del agua una flor de color rosa muy pálido y el centro amarillo, era una Violeta de agua; su belleza te cautivó y por eso la agarras para que vaya con vos en tu viaje.


Luego de un rato, te parece que es hora de seguir conociendo ese nuevo, o más bien viejo mundo, pensás que todavía queda mucho por conocer. Mientras vas caminando te topas con un bosque, y te decidís a entrar en él.


Tu paseo por el Medioevo se vuelve un poco más extraño cuando tus ojos no dan crédito a lo que encontrás en el bosque. Frente a vos hay una mesa vestida con un mantel blanco, y sobre ella ves que hay dos tazas, una azucarera y una tetera humeante.


Te parece estar viviendo el encuentro de Alicia con el Sombrerero Loco a la hora del té; empezás a buscarlo por todas partes con la mirada, pero en su lugar hay un anciano que trae un plato con galletitas, el detalle que le faltaba a esa inusual escena. El anciano se sienta en una de las dos sillas que hay y te invita a que lo acompañes a tomar el té.


Sus ojos tienen una mirada tan profunda que te transmiten paz. Te acerca el plato y dice

– Espero que te gusten las galletitas de canela, las cociné yo.


Después de servirte un poco de té, posa su mirada sobre la flor que encontraste en el río y comienza a contarte una historia.


– Hace mucho tiempo conocí a un joven llamado Theo, pertenecía a un linaje de nobles caballeros que sirvieron al reino; era un muchacho engreído, soberbio y egoísta que anhelaba seguir con la tradición familiar, por eso todo lo que hacía era entrenar con su espada, la cual había pasado de generación en generación, esperando convertirse un día en caballero de la guardia real.


El joven provenía de un lugar en donde todas las personas en algún momento de sus vidas debían pasar por La Prueba de la Verdad. Era desconocido cuándo sucedería esto ya que no era igual para todos y no se sabía tampoco en qué consistía.


Una mañana Theo recibió una misteriosa nota que decía que debía ir hasta lo profundo del bosque, que allí lo esperaba su prueba. Mientras emprendía su viaje iba imaginándose en qué podría consistir la Prueba de la Verdad, se veía a sí mismo enfrentándose y derrotando él solo a un ejército enemigo. En su camino se cruzó con una pareja de campesinos que tenía problemas con su carruaje, el caballo que tiraba de este se había asustado y había huído, o eso es lo que llegó a oír cuando los campesinos le pidieron ayuda, pero los ignoró ya que lo único que le importaba era superar la prueba que creía que lo ayudaría a convertirse en caballero.


Al llegar a lo profundo del bosque, se encontró con una gran puerta de madera, y pensó lo absurdo que era eso. Después de dar vueltas a su alrededor una y otra vez, y de buscar sin éxito la llave, notó en ella una inscripción que había pasado por alto, la cual decía:

“Desprendiéndote de aquello que valoras le dará verdadero sentido a lo que honras”.

No tomó en serio el mensaje y sintiéndose orgulloso de su linaje, empuño su espada e intentó abrir la puerta con ella pero no tuvo suerte, volvió a intentarlo pero nada sucedió, hasta probó romperla con una piedra que encontró pero la puerta seguía sin abrirse.


Frustrado decidió volver a su casa a buscar alguna herramienta que pudiera abrir la puerta. Así fue como día tras día volvía al bosque para intentar abrirla pero nada servía. En su camino solía cruzarse con personas que necesitaban ayuda pero su meta era más importante para él.


Una noche hubo una fuerte tormenta que provocó grandes daños; cosechas arruinadas, animales perdidos, árboles caídos, hacía tiempo que no se veía una tormenta de tal magnitud. A la mañana siguiente cuando se dirigía al bosque, Theo vio a un grupo de campesinos que parecían estar preocupados, al parecer se habían perdido dos niños. Cuando estaba por entrar al bosque unos gritos lo alertaron, eran los niños, uno de ellos se había caído al río y no sabía nadar, el otro niño estaba asustado y sin saber qué hacer.


Sin pensarlo, Theo se zambulló en el agua; la fuerte corriente hizo que perdiera su espada teniendo que decidir si recuperarla o rescatar al niño. Algo dentro suyo le dijo que el niño era más importante. Mientras intentaba llegar a la orilla, los campesinos que habían tardado en escuchar el pedido de auxilio del niño llegaron al lugar y los ayudaron a salir del agua. Los pequeños contaron que debido a la tormenta no pudieron regresar a su casa y esperaron en el bosque a que esta pasara. Al día siguiente, cuando se dispusieron a volver, quisieron tomar un poco de agua del río y fue ahí cuando uno de ellos cayó.


Los campesinos estaban muy agradecidos con Theo por su gran acción, mientras que el joven estaba sorprendido y abrumado por la muestra de afecto y agradecimiento. Una anciana se acercó a él abriéndose paso entre la gente, le entregó una flor de color rosa muy pálido y el centro amarillo y dijo:


"Siempre que veas ésta flor te ayudará a recordar lo que de verdad importa."

Sin decir una palabra, Theo siguió su camino hasta lo profundo del bosque donde lo esperaba La Prueba de la Verdad. Estando frente a la puerta, seguía pensando en lo ocurrido, estaba confundido. El río se había llevado una parte muy importante de él, y todo por salvar a un niño incluso arriesgando su propia vida. Theo comenzó a sentir una gran felicidad la cuál había estado ausente por mucho tiempo . Las lágrimas comenzaron a caer rápidamente por su cara.


De repente sucedió lo que había estado esperado por tanto tiempo, la puerta finalmente se había abierto. Theo secó sus lágrimas, y la cruzó. Del otro lado se encontró con un camino que se bifurcaba, y delante de cada sendero había un cartel.


Uno de ellos anunciaba que en el reino se estaba por llevar a cabo una competencia para elegir a los hombres más fuertes y valientes para que formaran parte de la guardia real. El otro cartel pedía ayuda para las personas afectadas por la gran tormenta en un pueblo más lejano.


Theo se encontraba frente a una nueva prueba, y en ese instante una verdad le fue revelada: Algunas veces el héroe más valiente no es el que tiene una espada, sino aquel que entrega su corazón.


Tan pronto como termina la historia el anciano da un último sorbo de té y dice que se le hace tarde. Miraste tu taza que también se encontraba vacía, y sin darte demasiado tiempo a procesar lo que acababas de escuchar le pedís que te indique por dónde ir. Te señala el camino y luego con una cálida sonrisa se despide de vos. Antes de separarse le preguntas su nombre a lo cual responde:


Me llamo Theobald. Te guiña el ojo a modo de complicidad y lo ves alejarse.

Fuera del bosque continuás tu camino. Estás disfrutando de la aventura en el Medioevo, por lo que no te preocupa de qué manera podés volver a tu tiempo. Vas pensando en la historia que te contó el anciano, y como no hay prisa por llegar a ningún lado te sentás debajo de un árbol. Mientras vas quedándote dormido, tu mente te suelta una pregunta: ¿QUÉ ES LO QUE DE VERDAD IMPORTA?

Fitz Roy 2074 - 4A

Palermo - CABA

  • Facebook - Black Circle
  • Instagram - Black Circle